LAS REMONTADAS SIEMPRE HAY QUE DISFRUTARLAS

Periodista con tres décadas en la profesión. Narrador de los partidos de la selección española en TVE. Mundiales, Eurocopas, Juegos Olímpicos y Champions. Dirige y presenta Estudio Estadio en Tdp
 de Juan Carlos Rivero Twitter:   artículo leído 1443 veces
LAS REMONTADAS SIEMPRE HAY QUE DISFRUTARLAS

El Real Madrid se ha hecho famoso por sus remontadas. Hubo una época en la que a fuerza de repetirlas las hizo legendarias. De tal manera que se recuerdan, incluso cuando después no acabaron en título alguno. Aquellas “noches europeas” descubrieron un gen que el madridismo incorporó a su ADN y que Valdano sintetizó en el “miedo escénico” y Juanito en aquella frase célebre “90 minuti en el Bernabéu son molto longui”, que es como él entendía la proeza y el idioma italiano, dicho sea de paso. Juanito, de hecho, le dio cara y nombre, en el ejemplo madridista, a uno de los momentos más memorables que nos proporciona este deporte, ese en el que la locura se adueña del campo, la lógica desaparece y que sólo el corazón explica, es decir, una remontada.

Así que el Madrid remontó con un 5-1 un 4-1 al Derby County, y con un 3-0 un 2-0 al Celtic. Claro que le endosó un 6-1 al Anderlecht  después de perder 3-0 en Bruselas en una Copa de la Uefa que acabaron ganando. Y se recuerda el 3-0 al Inter en unas semifinales de Copa de Europa para remontar un 2-0 que se traían de Italia. Y para enmarcar en la gesta de las hazañas aquella eliminatoria de Copa de la Uefa en la que el Madrid cayó con estrépito en Alemania frente al Borussia Moenchengladbach por 5-1. Para cualquiera hubiera sido definitivo, pero no para el Madrid que remontó en el Bernabéu con un histórico 4-0.

En todos estos momentos se habló de épica, de coraje, de orgullo, de fiesta…y claro está de suerte, y, por supuesto, del árbitro, que también influye. Es de ley. Es el fútbol. Es imposible sellar estas gestas si todos los astros no están de tu parte, y esto incluye al que anula goles, concede penaltis que no son, y no ve los que debería pitar en contra. Incluso el que da un saque de banda al revés o se equivoca en la concesión de un córner. O expulsa a un sordomudo por hablar. Todo ha de caer del mismo lado.

Eso es lo que le pasó al Barça frente al PSG en una noche que el fútbol recordará de por vida. Y más cuando le hacían falta tres goles a falta de siete minutos para el final. Y los marcó. Con épica, orgullo, suerte, corazón, con ese espíritu que de repente inunda un estadio y convierte a los jugadores en emperadores. Con todo eso, y con el árbitro. Es ley del fútbol. Lo es siempre y en todas partes. Por eso conviene no perder la perspectiva. Ni rasgarse las vestiduras cuando le sucede al  gran rival, por muchas veces que lo repita. En Villarreal el tema de conversación fue una bolsa con pines, frente a las Palmas un córner que no era, aquella noche del Borussia de Moenchengladbach lo fueron dos goles dudosamente anulados. En todos esos casos el color de la camiseta no le permitió a muchos valorar el tamaño de la hazaña. Ahora aquellos que tanto hablaron corren el riesgo de sufrir las majaderías de su propio lenguaje. Es bueno sentir que las remontadas proporcionan una satisfacción fuera de lo común. Que no es cuestión de hablar de la flor de Zidane, la suerte del minuto 93, la cabeza de Ramos, el árbitro, el rival que no se entera, que siempre igual, que es injusto, que no lo merecía, que no juegan a nada. NO. Lo merecían porque lo consiguieron. Así que a disfrutarlo.