Vergonzoso: la intrahistoria que afectó al penalti de Brahim con Marruecos
Tras cinco goles en siete partidos en su primera Copa África, Brahim Diaz recogía la Bota de Oro como máximo goleador de la competición. Un rendimiento reivindicativo de cara a su futuro. Todo parecía escrito para que el jugador del Real Madrid fuera el encargado de darle el trofeo a la selección de Marruecos tras 50 años sin lograrlo, pero el destino tenía una versión diferente preparada. En el minuto 98, el árbitro Jean-Jacques Ngambo se convirtió en protagonista inesperado de la final. El gol anulado a Senegal sin revisión de VAR, y un penalti a favor de los marroquíes previa revisión en el videoarbitraje, supuso una explosión de emociones en el encuentro, pero no para bien.
Un penalti entre amenazas, provocaciones y el caos
La selección senegalesa, incrédula e indignada, con Pape Thiaw al frente, invadió el terreno de juego para invitar e incitar a sus jugadores a irse a los vestuarios. Durante varios minutos, los jugadores senegaleses estuvieron entre el túnel de vestuarios y las discusiones entre árbitros, técnicos y capitanes. En la grada, la situación se descontroló. Cerca de 3.000 aficionados senegaleses amenazaron con invadir el campo lo que obligó a la policía marroquí a intervenir y tener que contenerles, con peleas y lanzamientos sillas incluido.
Tremenda liada.
— Movistar Plus+ Deportes (@MPlusDeportes) January 18, 2026
Pape Thiaw pide a los jugadores de Senegal que se marchen del campo.#LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/x2wpjEC9Tt
La intervención de Sadio Mané fue determinante para convencer a sus compañeros a regresar al terreno de juego y permitir el lanzamiento del penalti ante un desenlace previsto, pero con un ambiente encendido y una tensión más que palpable. Tras más de quince minutos, los jugadores senegaleses seguían con los nervios y emociones a flor de piel se dedicaron a pisotear y dañar lo máximo posible el punto de penalti. Mientras tanto Edouard Mendy, encargado de deterner el penalti, hizo su parte con Brahim Diaz tratando de desconcentrarle y provocarle, llegando incluso a empujarle. El resto es historia, con más de quince minutos de espera, una tensión palpable y el peso de un país sobre sus hombros. Un lanzamiento para la historia marcado por un escenario tan bochornoso como difícil de olvidar.