El Madrid nunca acierta...
Dejar a Casemiro, Lucas Silva e Illarramendi como relevos al tándem Kroos-Modric: mal. Han demostrado no estar a la altura de la dupla titular pues Casemiro, de corte defensivo, no tiene salida de balón; Lucas Silva ha jugado muy poco, no arriesga el pase y carece de calidad para la organización en la medular; Illarramendi parece no contar para Benítez y no ha gozado de mucho protagonismo desde que fichó por el Madrid. Fichar a Kovacic: mal. Hacerlo sería frenar la carrera de jugadores como Casemiro, Lucas Silva o Illarramendi. Al brasileño se le volvió a fichar después de su estancia en el Oporto, donde demostró su valía: marcaba y asistía haciendo de su contundencia y capacidad física el reclamo perfecto para volver al Madrid; Lucas Silva fue fichado para dotar al conjunto blanco de otro jugador con calidad para sacar el balón, pudiendo suplir con garantías tanto a Modric como a Kroos; Illarramendi está en proyección, como Lucas, y se merece oportunidades para demostrar que es un firme candidato a la medular del Real Madrid. Además, fichar al joven croata sería otro “capricho” florentiniano. Seguro que en la cantera hay alguno mejor. Si se deja al trío y no se ficha a otro mediocentro: mal. El equipo de Benítez necesita a un constructor para que el Madrid no se resienta a la hora de rotar al pivote germano-croata. Los que luchan por el honor del puesto desaprovecharon oportunidades pasadas y el Real nunca puede esperar más de lo estipulado. Pero, entre que buscamos solución a la disyuntiva está lo de Piqué. También hay varias opciones: contestar o callarse. Si el Madrid o cualquiera de sus jugadores contesta: mal. El señorío del Real Madrid está en obviar caballerosamente los amagos de trifulca. Los valores del Madrid noble nunca han se quebrantarse. Si no hay respuesta a la provocación: mal. Piqué lleva mofándose del Madrid desde que volvió a Barcelona y se merece una réplica. No puede ser que jugadores e institución permanezcan silenciosas ante los ataques de uno de los jugadores del máximo rival. ¡A ver qué hacemos!