El mensaje de Mourinho en rueda de prensa es una realidad: persiguen a Vinicius
José Mourinho ha vuelto a poner el foco sobre uno de los asuntos más delicados que rodean al Real Madrid: el trato que recibe Vinicius Júnior en el fútbol español. El entrenador portugués ha asegurado este sábado que, si estuviera en la situación del brasileño, habría intentado abandonar el conjunto blanco durante el pasado verano por tener demasiadas cosas en contra en LaLiga. Una reflexión contundente, pero que invita a mirar más allá de la última polémica arbitral. Porque la sensación de persecución que acompaña a Vinicius no nació ayer ni comenzó con su expulsión ante el Villarreal. Desde su llegada al Castilla, el brasileño ha tenido que convivir con provocaciones, críticas desmedidas, insultos y un nivel de hostilidad que difícilmente puede considerarse normal. Y aunque su comportamiento no siempre ha sido el adecuado, tampoco parece justo analizar cada una de sus reacciones sin tener en cuenta todo lo que sucede antes.
Vinicius también se ha equivocado, y reconocerlo no debería resultar incompatible con defenderlo cuando corresponde. En más de una ocasión ha entrado en provocaciones innecesarias, ha protestado de manera excesiva y ha protagonizado gestos que no ayudan ni a su imagen ni a la del Real Madrid. Lo ocurrido ante el Villarreal es otro ejemplo de una reacción que debería haber evitado. Sin embargo, resulta imposible entender su situación sin ponerse por un momento en su piel. Hablamos de un futbolista que recibe entradas durísimas, que ha visto cómo numerosas acciones de sus rivales quedaban sin la expulsión que parecían merecer y que, con demasiada frecuencia, termina siendo el principal señalado. No se trata de pedir impunidad para Vinicius, sino de exigir que se le aplique exactamente el mismo criterio que a cualquier otro jugador. Si una acción merece una tarjeta roja, debe ser roja independientemente de quién la cometa y de quién la reciba. Y si una reacción merece una sanción, también debe castigarse con la misma vara de medir.
Vinicius debe ser tratado como un jugador normal, y no por el nombre que se "ha creado"
Ese es, precisamente, el fondo de la denuncia de Mourinho: la sensación de que las reglas no siempre se interpretan de la misma manera cuando Vinicius está involucrado. El portugués no está justificando todos los comportamientos de su futbolista, sino poniendo sobre la mesa el desgaste que supone sentirse permanentemente en el centro de la polémica. Puede discutirse si existe una persecución arbitral deliberada, porque una acusación así exige pruebas, pero resulta legítimo cuestionar la coherencia de determinadas decisiones y reclamar explicaciones cuando se aprecian diferencias de criterio. El brasileño debe aprender a controlar sus impulsos, por supuesto, pero quienes lo juzgan también deberían preguntarse cuánto tiempo serían capaces de soportar esa presión sin reaccionar. Vinicius no necesita que le perdonen sus errores por vestir la camiseta del Real Madrid. Necesita que sus errores se juzguen igual que los de los demás y que las faltas que recibe tampoco queden impunes. Eso es lo que Mourinho está reclamando. Y debería ser lo mínimo exigible en una competición que presume de igualdad.