Un centrocampista cierra la puerta: "No habría sido feliz en el Real Madrid"
Hay casos míticos como el de Francesco Totti o el de Steven Gerrard de jugadores que estuvieron a punto de recalar en el Real Madrid, pero por circunstancias ajenas o discrepancias entre ciertas directivas, nunca llegaron a vestir la elástica blanca. También hay casos como el Eden Hazard, que nunca pudieron brillar con el club blanco. Otro caso que ha resonado recientemente ha sido el deun compatriota suyo: Radja Nainggolan. El extrovertido jugador, que milita actualmente en el Patro Eisden, club de la segunda división de Bélgica, ha ofrecido una entrevista en el podcast Sportium.fu donde ha repasado su carrera y opinado del fútbol actual.
La Roma, su amor futbolístico y platónico
Nainggolan tuvo su punto más álgido como futbolista cuando militaba en la Roma, en la temporada 2016/17. En aquellos años era un futbolista con mucha proyección pero problemático, tanto dentro como fuera del césped. Ha hablado sobre su relación con Luciano Spalletti, su entrenador por aquel entonces: "Me encerraba en Trigoria todas las noches. No recuerdo exactamente por qué pero venía cómo estaba porque temía que me escapara".
El miedo que tenían los italianos con el belga era que se descuidara y cayera en el saco de promesas que dejaron de serlo y se quedaron a medio camino de lograr las expectativas. Nainggolan ha dicho de sí mismo que "luego jugué mal, hubiera sido mejor dejarme ir. Dijeron que si no bebía ni fumaba, podría jugar en el Real Madrid, pero sin mi estilo de vida, no habría sido feliz y no habría rendido como lo hice". Unas declaraciones que no han dejado indiferente a nadie y revelan como de bueno fue un futbolista que si se hubiera centrado más, podría haber llegado a recalar nada más y nada menos que en el club merengue.
También ha dejado ver sus diferencias con Monchi, cuando el director deportivo llegó a la Roma todo saltó por los aires: "Quería construir su propio equipo en Italia a su manera. Quería vender a todos los jugadores de Sabatini. Cuando me enteré, le dije que yo decidiría adónde iría. Podría haberme quedado, pero le dije que no podría saludarlo todos los días; quería fingir ser un amigo”.