Xabi Alonso se despide del Real Madrid tras una etapa intensa y llena de matices
La salida de Xabi Alonso del Real Madrid ha sorprendido a todos, dejando un sabor agridulce entre la afición y los expertos del fútbol español. En sus 34 partidos al frente del primer equipo, el tolosarra no logró imprimir su estilo y personalidad en cada encuentro, auqnue dejando una huella marcada por victorias importantes, pero también por algunos tropiezos dolorosos que quedarán en la memoria de los seguidores blancos. Bajo su dirección, el equipo consiguió 24 victorias, 4 empates y 6 derrotas, entre las que sobresalen el 5-2 frente al Atlético de Madrid y la final de ayer en la Supercopa de España por 3-2 contra el Barcelona, dos partidos que dejaron un sabor amargo y recordaron que, en el fútbol, incluso los mejores planes pueden verse frustrados en momentos clave.
Un balance con luces y sombras
En términos de juego, el Real Madrid mostró una combinación de ofensiva potente y defensiva sólida: anotó 72 goles, recibió 38 y logró mantener la portería a cero en 10 ocasiones, reflejo de un equipo equilibrado, pero que también tuvo sus altibajos. En la Liga, terminó segundo, a 4 puntos del Barcelona, mientras que en la Champions League logró 4 victorias de 6 encuentros, manteniendo al equipo en la pelea por los octavos con un rendimiento consistente. Además, fue subcampeón de la Supercopa de España y alcanzó las semifinales de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, cayendo por un contundente 4-0 frente al PSG. Resultados que demuestran la competitividad que imprimió Alonso durante su mandato.
A pesar de estas cifras alentadoras, el club optó por un cambio de rumbo, una decisión que ha generado debate sobre los motivos que llevaron a la directiva a prescindir de un técnico que todavía no había logrado consolidar un estilo reconocible y respetado pero que estaba en proceso. La etapa de Xabi Alonso en el Real Madrid, marcada por su carácter en el banquillo, su pasión por el juego y la intensidad de cada partido, quedará en la memoria de la afición como un capítulo de aprendizaje y esperanza que, quizás, no tuvo el cierre que todos esperaban.