Igual hay que recordarle a esta plantilla qué es el Real Madrid
"Igual hay que recordarle a la UEFA qué es el Real Madrid". Con esta aseveración arrancó Florentino Pérez un discurso tan brillante como necesario en un momento en el que la actitud del máximo organismo del fútbol europeo hacia el club más grande de la historia era realmente obsceno y ultrajante. En ese sentido, las relaciones han vuelto a reconducirse y ahora vuelve a reinar la paz entre el conjunto blanco y las instituciones.
Sin embargo, parece ser que el peso que recae sobre la camiseta merengue ha sido olvidado de nuevo, pero en esta ocasión por aquellos encargados de representarla. Lejos de honrar el nombre y el legado del equipo madridista, el grupo de jugadores que actualmente conforma la plantilla ha generado vergüenza y decepción en las gradas del Santiago Bernabéu por la falta de títulos, pero sobre todo por la imagen que han proyectado al mundo del Real Madrid.
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A lo largo de la presente temporada nos hemos perdido en debates absurdos: Mbappé-Vinicius, los entrenadores, el centro del campo, el responsable de las lesiones... Y la realidad es mucho más sencilla, aquí todos son culpables, del primero hasta el último y por una razón muy sencilla: todos son parte del mismo grupo. Si algo ha demostrado el Bernabéu es que comprende y se queda en la derrota, pero no tolera ver a jugadores que no corren, faltas de respeto a los entrenadores al margen de si están o no equivocados y, por supuesto; peleas entre miembros del mismo equipo.
La falta de compromiso y compañerismo ha sido una constante en un vestuario en el que prácticamente la plantilla al completo ha mostrado actos de indisciplina con sus iguales e incluso hacia sus superiores. Este año hemos visto situaciones absolutamente intolerables como faltas de respeto tanto a Arbeloa como a Alonso, conflictos entre compañeros que han llegado al plano físico y, en general, una sensación de falta de responsabilidad enorme. Estos aspectos, como no podría ser de otra manera, se han traslado al terreno de juego.
Estos futbolistas han demostrado estar cargados de talento y si quieren no están tan lejos como muchos se piensan de ser dominantes. Pero para que esto suceda tienen que volver a ser uno, a esforzarse como el que más, a ayudar al que tiene al lado, a mostrar disciplina y humildad hacia su jefe y a dar la cara el día que pierden.