El VAR es una vergüenza pero no salva a Zidane

Tanto la tecnología como el francés volvieron a quedar en evidencia
29.11.2020 21:20 de Diego Fuentes Twitter:    Ver lecturas
El VAR es una vergüenza pero no salva a Zidane
Bernabeudigital.com
© foto de Image Sport

La llegada del VAR al universo fútbol se celebraba por los feligreses del deporte rey como la panacea que iba a erradicar los múltiples males de los colegiados, cuyas decisiones son escopeta de feria por mucho que algunos se empeñen en hacerles de parapeto. Con un sinfín de condicionantes en su aplicación, la única realidad que ha arrojado el vídeoarbitraje ha sido la de convertir el balompié en un juego mucho más manipulable de lo que lo era antes. Contar con una herramienta capaz de solventar cualquier tertulia de bar e infrautilizarla a propósito y sin explicación solo se entiende como un deseo por hacer a los árbitros protagonistas, siendo los claros culpables que decantan la balanza hacia uno u otro lado según sus nefastas actuaciones.

¿Cómo se explica que en la sala varios trencillas cuenten con múltiples cámaras para ver simultáneamente todo lo que sucede en el campo y que no se señalase el penalti a Hazard y el tirón de pelo a Marcelo? ¿O cómo es posible que esta supuesta ayuda para acabar con los fallos entre en rojas y no en amarillas cuando pueden ser igual de cruciales para el desarrollo del partido? ¿O que juzgue penaltis y no faltas en el ecuador del campo cuando el cambio de posesión a favor del equipo que ha sufrido la infracción puede suponer una jugada de gol? Y así con miles de acciones que poco a poco van descifrando el devenir y resultado de un encuentro. El VAR ya no engaña a nadie.

Sin embargo, el escándalo arbitral no esconde un nuevo desaguisado de Zinedine Zidane. Aturdido y sin respuesta en el banquillo, cada vez son más los compromisos en los que no es decisivo con sus alineaciones ni con los refrescos que introduce. Pocas son las veces que el Madrid canta bingo por un as que jugó desde la banca, por lo que su influencia en el marcador casi siempre acaba siendo nula y sus fichas se resumen en la calidad de los de corto.

Para más inri, volvió a tener fe en Marcelo, carta que ya se entiende como una forma de subestimar al rival. El brasileño nunca fue un erudito al guardar la ropa, pero ya ni enciende las largas en sus aventuras ofensivas. Ni siquiera le dio la titularidad a Rodrygo, que entró forzado por el K.O. de Hazard cuando venía en avión por su gol en Milán, y sigue ciego con un Asensio que cada día recuerda más a Jesé Rodríguez: mucho ruido y pocas nueces. Si a todo eso se le añade el bajón actual de un Courtois irreconocible, el flagrante error de un Nacho por el que se lanzaban las campanas al vuelo en forma de renovación por dos partidos buenos y un Vinícius que después de tres años sigue sin ser decisivo, el resultado es el que fue. Para colmo, Isco, que esta más fuera que dentro, casi le salva un empate, pero a Zidane se le llevan viendo las costuras desde el Real de las tres Champions.