Qué recuerdos, Mou

02.05.2020 09:44 de Diego Fuentes Twitter:    Ver lecturas
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Qué recuerdos, Mou

Ya no habrá calmas tensas, partidos de cuchillo entre los dientes ni ruedas de prensa que ver con palomitas. El fútbol es maravilloso, pero parte de la magia nos robó cuando Mourinho colgó el sombrero en el perchero de Santiago Bernabéu. Hoy, con motivo del octavo aniversario de la irrefutable 'Liga de los Récords', el luso recuerda en España su periplo como capitán general de aquel transatlántico. Confluyeron multitud de factores que avivaron su legado, hasta el punto de que el aficionado más neutro abrazaba la televisión solo por ver ese 'Lusitania' transitar por océanos y mares. Uno de ellos fue la revalidad antológica con el  FC Barcelona. Eran envites de lodos y arenas movedizas, hábitat propicio para el guerrero que esculpió un engranaje capaz de mirar a los ojos al mejor Barça que dejan las páginas. 

Y vamos a repetirlo. El fútbol es maravilloso. Pero ya nunca volverán pachangas como aquéllas. La adolescencia supo edulcorarlas, y no había nada como una noche de Champions cuando aún no había que contratarla y una mañana siguiente de más fútbol y cháchara que probetas en el instituto. Por entonces, el fútbol no eran 90 minutos, y el pulso narrativo de esas tramas de suspenso, siempre nos permitían cuerda para sobrellevar con gusto el madrugón y las anodinas horas de Matemáticas. 

El recuerdo es amargo, y emerge una especie de espiral del silencio entre el seguidor que le rememora con nostalgia. Tal vez porque el ser humano siempre se queda con el daño, pero no es leal fragmentar la fábula y extraer solo el jugo nocivo, porque no es ni siquiera realista. El madridismo acabó el trienio del portugués embutido en una telenovela, divido como Las Aguas de Moisés y más preocupado por depurar las miserias propias. Fueron tiempos de rancho y forajidos ultrajados, donde era peor manifestar tu gusto por aquel Real en una charla distendida que revelar tu ideología política. El reloj todo lo cura, pero también nos cita ante el espejo del pasado para recordarnos que éramos felices y no lo sabíamos. Al menos puedo contar que lo vi.