El Bernabéu ha hablado: la crónica del Real Madrid 2-0 Real Oviedo

El Bernabéu ha hablado: la crónica del Real Madrid 2-0 Real Oviedo
Real Madrid
© foto de realmadrid.com
Ieri alle 23:23Primer Plano
de Sathya Sansó
El equipo de Álvaro Arbeloa logra los tres puntos en el Santiago Bernabéu y logra recortar distancia al ya campeón Barcelona

El Real Madrid volvía al Santiago Bernabéu en una noche marcada por la obligación más básica, ganar. Aún reciente el golpe del Clásico que confirmó al FC Barcelona como campeón de Liga y con una temporada sin títulos ya consumada, el equipo de Álvaro Arbeloa afrontaba este tramo final como un ejercicio de responsabilidad con el escudo. Tres jornadas por delante, con visitas a Sevilla y el cierre ante el Athletic Club en el horizonte, y un Bernabéu que, entre el enfado y la exigencia, se preparaba para dictar sentencia. Enfrente, un Real Oviedo ya descendido, de regreso al coliseo blanco 25 años después, con la intención de despedirse con dignidad de la categoría.

Arbeloa apostó por la rotación, sin revoluccon varios cambios tras la derrota ante el Barça. Con Thibaut Courtois en portería, la defensa quedó formada por Trent Alexander-Arnold, Raúl Asencio, Alaba y Carreras. En el centro del campo, Aurélien Tchouaméni y Eduardo Camavinga se ubicaban en el doble pivote, mientras Mastantuono y Brahim Díaz daban amplitud al equipo. En ataque, Vinícius Júnior y Gonzalo asumían la responsabilidad ofensiva. Así, el Real Madrid salía con Courtois; Alexander-Arnold, Asencio, Alaba, Carreras; Mastantuono, Camavinga, Tchouaméni, Brahim; Gonzalo y Vinicius.

Enfrente, el conjunto dirigido por Guillermo Almada aterrizaba en Chamartín sin presión, ya descendidos, pero con el objetivo de competir y cerrar su paso por primera con la mejor imagen posible. Colista con 29 puntos y ya sin opciones de permanencia. Con esa idea, el Oviedo formaba con Escandell; Vidal, Bailly, Costas, Alhassane; Chaira, Fonseca, Colombatto, Fernández; Viñas y Reina.

Las ventajas de jugar con un delantero

Probablemente lo más esperado de la noche era el recibimiento del Bernabéu a sus jugadores. Y hasta eso quedó a medio gas. Apenas algunos pitos aislados, como en el caso de Camavinga, y poco más. Sí hubo una breve pitada tras el himno de la Décima, aunque se diluyó rápido. El contexto pesaba, víspera de festivo, jueves por la noche y una temporada ya resuelta, con una entrada discreta y un ambiente contenido.

Con varios cambios respecto al clásico, Álvaro Arbeloa apostaba por un once con Mastantuono abierto a la derecha y Brahim actuando como interior por izquierda. Y el inicio dejó una ocasión clara. En el minuto 5, gran acción de Gonzalo hasta línea de fondo y pase atrás perfecto para el argentino, que remató con su zurda, pero demasiado flojo, permitiendo la parada de Escandell. En esos primeros compases se percibía más tensión y energía en el Real Oviedo, que incluso encadenó tres saques de esquina consecutivos, aunque sin generar peligro real.

Poco a poco, el Real Madrid empezó a asentarse, sobre todo cargando el juego por la izquierda con Vinicius y Brahim. Desde ahí llegaron las aproximaciones más claras, aunque sin precisión. La más peligrosa fue un disparo lejano de Trent que se estrelló en el larguero. También lo intentó Brahim en el 23, sin exigir demasiado al guardameta. Las gradas reaccionaban a cada ataque espeso, especialmente cuando el juego caía por el sector derecho, donde ni Camavinga ni Mastantuono lograban aportar claridad. En contraste, cada aparición de Santi Cazorla en las pantallas era recibida con una ovación generalizada.

El problema del equipo volvía a ser reconocible, circulación hasta tres cuartos y falta de ideas en el último tramo. Todo quedaba reducido a la inspiración de Vinicius o a alguna acción individual de Brahim, sin una estructura clara para desarmar el bloque rival. El internacional marroquí tuvo una ocasión muy clara tras un buen apoyo de Gonzalo, que descargó de espaldas, pero el remate se marchó por el costado. También la tuvo el brasileño, tras un centro raso de Trent, pero se trastabilló en el momento de rematar. Camavinga probó desde fuera con la zurda, rozando el larguero.

Pero el Oviedo también tuvo la suya. Superó la presión blanca con facilidad y llegó con ventaja al área, donde Nacho Vidal no pudo definir con claridad gracias a la molesia de Asencio llegando desde atrás. Tchouaméni apareció en área rival rozando un centro con la puntera, sin dirección, y Vinicius volvió a intentarlo tras un error en salida del rival, pero su remate fue bloqueado. No estaba siendo una noche precisa para el brasileño. El gol llegó finalmente tras una buena acción colectiva. Recuperación alta de Carreras, pase rápido de Brahim y definición de Gonzalo, cruzando al segundo palo. Un tanto que premiaba más la insistencia que la claridad.

Antes del descanso, Escandell volvió a aparecer con una gran parada a un disparo de Brahim que buscaba la escuadra. Acto seguido, el árbitro señaló el final de la primera parte. El Real Madrid fue superior, más por control que por profundidad, pero se marchó al descanso con ventaja y la sensación de haber hecho lo justo para encaminar el partido.

Victoria bajo examen estricto

El Real Madrid salió del descanso sin terminar de acomodarse al partido. Un error en salida entre Alaba y Tchouaméni encendió la primera alarma y acabó en córner para el Oviedo, en una acción que reflejaba cierta desconexión. Poco después, Trent dispuso de un tiro libre en la frontal, pero su ejecución fue demasiado centrada y Escandell resolvió sin complicaciones. En el minuto 54 movió ficha Guillermo Almada, dando entrada a Santi Cazorla por Chaira. El estadio se puso en pie para ovacionar a una figura que trasciende camisetas y colores. Sobre el césped, sin embargo, seguía costando que pasaran cosas. Reina tuvo una ocasión muy clara tras un centro al segundo palo, completamente solo, pero el remate le salió defectuoso, impactando en la espinillera.

También lo intentó Carreras tras un buen recurso técnico de Brahim, un taconazo que lo dejó mano a mano aunque algo escorado. El lateral probó con un disparo de tres dedos que no generó peligro. El partido seguía sin romperse y la atención empezaba a desplazarse hacia lo que ocurría fuera del juego. Cuando Mbappé salió a calentar, el Bernabéu reaccionó con pitos. No fue un murmullo solo, fue un sonido de viento que retumbaba. En el minuto 63, Arbeloa introdujo a Bellingham y Carvajal por Tchouaméni y Trent. Los cambios evidenciaron la división en la grada, mezcla de aplausos y silbidos para los que se iban, mientras que los que entraban, sobre todo Carvajal, recibieron un respaldo mucho más unánime.

El ritmo no cambiaba. Pasaban los minutos y lo más interesante seguía estando en la lectura del ambiente. En el 69, Mbappé ingresó al campo y el estadio respondió al unísono, con una pitada que marcó el tono de cada intervención del francés. Cada vez que tocaba la pelota, el ruido volvía a aparecer. El sonido era tal, que los decibelios subieron claramente. Quizá hasta a algún vecino de la zona le pudo haber molestado el ambiente. La grada, cansada de ausencias repetidas, actuaba como juez constante. Mbappé, ajeno en apariencia, lo intentó con una falta lejana que se estrelló en la barrera, acompañada de una nueva oleada de silbidos.

En el 76, el Real Madrid agotó cambios con la entrada de Yáñez y Palacios por Brahim y Mastantuono. El malagueño se marchó como el mejor de los suyos, reconocido por una afición que, durante toda la noche, funcionó como termómetro emocional del equipo. Intensidad, ganas y personalidad, algo que no abundó. El partido se rompió en el minuto 80. Bellingham recibió dentro del área tras asistencia de Mbappé, condujo con decisión y definió con un zurdazo raso imposible para Escandell. Tres minutos después, Courtois volvió a sostener al equipo con una parada de alto nivel ante Hassan, que había encontrado espacio para sacar un disparo potente a la escuadra. El belga, como tantas otras veces, dejó una de sus grandes paradas.

El Real Madrid terminó cumpliendo, sumó tres puntos y no mostró otra mala actuación en su estadio. Pero la sensación general fue que esta vez el foco no estuvo en el juego sino en la grada. El Bernabéu habló durante noventa minutos, aprobando, castigando y señalando. La victoria fue totalmente secundaria, lo relevante fue elexamen público que se vivió.

El Real Madrid volverá a jugar el próximo domingo 17 de mayo a las 19:00, para enfrentarse ante el Sevilla, en el Sánchez Pizjuán, por la trigésimo séptima jornada de LaLiga.