Real Madrid 98-86 Maccabi Tel Aviv: los madridistas ganan en el vacío
¡Final en el Movistar Arena de un partido que no se debió jugar! En una semana con doble jornada europea y tras la victoria en Lyon ante Asvel después de perder el partido liguer frente al Barça, el Real Madrid de baloncesto volvió al Palacio para jugar, a puerta cerrada, el partido contra Maccabi Tel Aviv. Un partido que recordó a la pandemia, con los jugadores pudiendo comunicarse sin problemas, escuchando las decisiones arbitrales y las instrucciones del cuerpo técnico. Pero, en este caso, el duelo quizá no debió jugarse.
El choque arrancó con un Madrid muy activo en defensa, robando varios balones que le permitieron correr y anotar al contragolpe, y con un Hezonja especialmente inspirado en estos primeros minutos, firmando 9 puntos. Pese a la buena puesta en escena blanca, Maccabi supo reaccionar con rapidez gracias a un juego coral muy sólido, moviendo bien el balón y encontrando puntos desde distintas posiciones, con hasta nueve jugadores sumándose al apartado anotador para equilibrar un duelo en el que se escuchaba cada instrucción, cada queja, cada decisión arbitral…
El segundo asalto mantuvo el guion de los primeros minutos, con un Maccabi sólido y cómodo en un escenario de silencio casi absoluto y un Madrid que, pese al tiempo muerto de Scariolo, no encontraba soluciones claras hasta que apareció la magia del ‘Facu’ en forma de chispazos. La entrada de Andrés Feliz y la apuesta por el doble base cambiaron el ritmo del partido, con el dominicano sumando 9 puntos y aportando una fluidez que se tradujo en mayor coralidad ofensiva, pasando los blancos de seis a once jugadores anotando. Esa mejoría permitió al Madrid marcharse al descanso por delante, rematando el cuarto con un tapón de Hezonja en la última posesión visitante.
Tras el paso por vestuarios, el partido entró en una fase de muchas pérdidas, precipitación y ataques mal organizados por parte de ambos equipos, lo que se tradujo en una anotación muy baja durante los primeros cuatro minutos. En ese contexto espeso, el Madrid fue capaz de sostener el nivel defensivo, obligando a Maccabi a consumir posesiones hasta el límite y encontrando, poco a poco, mejores decisiones en ataque. De nuevo Hezonja lideró a los blancos, bien acompañado por la solidez de Tavares y la aportación de Deck en ambos lados de la cancha, para empezar a abrir brecha en el marcador.
El último cuarto, al que el Madrid entró 11 arriba, comenzó con un demoledor parcial de 12-3 en apenas dos minutos y medio que estiró la ventaja hasta el +20 y permitió a los blancos manejar el tempo del duelo con aparente tranquilidad. Sin embargo, Maccabi logró recortar cinco puntos y, con la cuarta falta de Lyles, Scariolo pidió tiempo muerto para frenar cualquier atisbo de desconexión en un partido que, por momentos, se parecía más a un entrenamiento que a una competición oficial. Poco a poco, los visitantes fueron reduciendo la diferencia casi en goteo, presionando la salida de balón madridista, hasta el punto de que Campazzo llegó a gritar un “no se vayan” a sus compañeros ante la dificultad para encontrar líneas de pase.
Pero los blancos supieron navegar, hacerse fuertes en defensa y cerrar una nueva victoria que dejó, en una de sus escenas finales, a Hezonja soltando un "puta madre" tras un triple fallado. Se escuchó todo.
Pero hoy no quiero terminar esta crónica sin una reflexión. Porque este partido no se debió jugar, ni siquiera con el silencio sepulcral que pesó más que cualquier defensa zonal. Un partido a puerta cerrada para “proteger” a unos jugadores (¿de qué jugando a puerta cerrada?) mientras se normaliza, una vez más, la presencia de un Estado que utiliza el deporte como escaparate y lavado de imagen. Porque cuando las competiciones miran hacia otro lado, cuando se separa artificialmente el balón de la realidad, no se está siendo neutral: se está tomando partido. Y quizá la pregunta incómoda no sea si es seguro jugar con público o no, sino si es justo hacerlo; si este es el tipo de valores que queremos proteger como sociedad y si el deporte, que tantas veces se vende como espacio de unión y ética, puede permitirse seguir blanqueando aquello que fuera de la pista no aceptaríamos callados.
El próximo partido del Real Madrid de baloncesto será el próximo domingo 11 de enero ante Andorra, a las 18:00 horas, en Euroliga.