Real Madrid Femenino 0-3 FC Barcelona | Adiós a la Liga
El Real Madrid recibía al Barcelona en el Alfredo Di Stéfano apenas cuatro días después del golpe europeo, en el que cayó 2-6 en la ida de la Champions League. El de hoy era el segundo de tres clásicos en apenas una semana, una oportunidad inmediata para corregir la imagen y medir la capacidad de reacción de un equipo que había quedado expuesto en el primer asalto. En clave clasificatoria, el conjunto azulgrana llegaba con una ventaja amplia en la Liga F y una victoria le permitiría dejar el campeonato prácticamente sentenciado, ampliando la distancia hasta los 13 puntos con solo 18 por disputarse.
El equipo de Pau Quesada afrontaba el encuentro con la necesidad de parecerse más a la versión competitiva mostrada en semanas anteriores, donde había encadenado una dinámica positiva en el campeonato doméstico. Sobre todo, porque, del otro lado, el Barcelona de Pere Romeu llegaba con el envión del pasado miércoles, sumado a la hegemonía que mantienen en el campeonato doméstico, en donde casi nadie puede hacerles frente.
En cuanto a los onces, el Real Madrid apostaba por Misa Rodríguez en portería; línea defensiva para Eva Navarro, Rocío Gálvez, María Méndez, Lakrar y Yasmim; en el centro del campo, Toletti, Angeldahl y Däbritz; y en ataque, Linda Caicedo y Athenea del Castillo. Eran tres los cambios respecto al encuentro del miércoles pasado: Holmgaard daba lugar a Yasmin, Weir a Toletti y Rocío Gálvez entraba por Feller.
Por su parte, El Barcelona alineaba a Cata Coll bajo palos; defensa con Ona Batlle, Irene Paredes, Andrea Cámara y Brugts; sala de máquinas para Patri Guijarro, Alexia Putellas y Serrajordi; y un frente ofensivo formado por Hansen, Paralluelo y Schertenleib, en un once con el tridente de ataque completamente cambiado al de la Champions League.
Otra vez la misma historia
El arranque mostró una versión distinta del conjunto blanco respecto al duelo europeo. Pau Quesada apostaba por una línea de tres centrales, María Méndez, Rocío Gálvez y Lakrar, con carrileras largas, dibujando un 3-5-2 en fase ofensiva que mutaba a un 5-4-1 sin balón, con Athenea retrasando su posición. La propuesta era clara: mayor agresividad tras pérdida y una presión más valiente en campo rival. Durante los primeros diez minutos, el plan sostuvo al bloque local, que logró frenar el ritmo azulgrana y reducir el asedio habitual. El encuentro entró en una fase de tanteo, con las capitalinas más seguras y las visitantes sin encontrar aún la fluidez de otros clásicos.
Sin embargo, el margen de error ante este tipo de rivales es mínimo. A partir del minuto 15, el cuadro catalán comenzó a inclinar el campo, instalándose cada vez más cerca del área defendida por Misa Rodríguez. El aviso llegó con una transición que terminó en los pies de Hansen, pero la guardameta respondió con solvencia. Era el preludio de lo que vendría: en el minuto 17, tras dos despejes deficientes que evidenciaban la dificultad para salir de la presión, Ona Batlle recogió un balón en la frontal y conectó un disparo de primeras que, con efecto, superó a Misa. El tanto castigaba no solo el error puntual en la jugada, sino una tendencia clara de toda la primera parte, un repliegue constante y la incapacidad de alejar el peligro.
A partir de ahí, el dominio culé fue total. Las de Pere Romeu encontraron superioridades por fuera, especialmente con Hansen castigando el costado de Yasmim, y acumularon efectivos en la frontal ante un bloque merengue cada vez más hundido, con hasta diez jugadoras protegiendo el área. La ocasión más clara llegó en el 21, cuando Alexia Putellas estuvo a punto de ampliar la ventaja tras una gran acción de Serrajordi, pero Toletti salvó sobre la línea. También lo intentó Patri Guijarro desde la distancia, rozando el poste en el 27. Mientras tanto, las locales apenas lograban respirar, sus escasas salidas terminaban sin remate, más allá de un disparo lejano de Athenea que pasó cerca de la escuadra. El primer acto se cerraba con una sensación de resistencia blanca endeble y un control absoluto azulgrana. Se podía esperar que hoy Quesada se atreviese a ir a buscar el encuentro, y, de, al menos, intentar jugarle de tú a tú a las catalanas, pero nada más lejos de la realidad.
Asedio sin respuesta
El paso por vestuarios no alteró el guion. Ni cambios ni ajustes tácticos. El bloque blanco regresó con la misma estructura, sostenido en un repliegue profundo que ya había mostrado grietas en el primer acto. A los dos minutos, Misa Rodríguez intervenía ante un centro-chut de Alexia Putellas, primer aviso de un conjunto azulgrana que salió decidido a apagar cualquier conato de reacción. El segundo golpe no tardó en llegar. Hansen, imparable durante toda la noche, volvió a desbordar por el costado, superando con facilidad a su marca y sirviendo un pase atrás que Putellas convirtió en el segundo. Un tanto que desactivaba cualquier impulso anímico tras el descanso.
Lejos de corregir, el planteamiento local profundizó en sus propios errores. Ceder el control de forma tan explícita ante un rival de este nivel convirtió el encuentro en un ejercicio de resistencia sin salida. El tercer tanto terminó de quebrar el partido: un centro lateral de Ona Batlle, nuevamente desde el sector más castigado, el de Yasmim, derivó en una acción desafortunada entre Lakrar y la guardameta que acabó en gol en propia. Era el golpe definitivo. A partir de ahí, el dominio visitante se volvió absoluto, casi pedagógico, moviendo el balón de lado a lado ante un bloque hundido que apenas lograba salir de su propia área. El asedio continuó con llegadas constantes, tanto por fuera como por dentro, y con un peligro permanente en el juego aéreo, donde cada saque de esquina transmitía sensación de gol. Misa sostuvo lo que pudo el marcador con varias intervenciones de mérito, frenando intentos de Hansen, Brugts o Vicky López, mientras las locales apenas lograban cruzar la divisoria. Solo Linda Caicedo fue la única capaz de ofrecer algo distinto: desborde, energía y la intención de estirar al equipo, aunque siempre en acciones aisladas y sin continuidad, no por su culpa, sino por lo colectivo.
El tramo final fue una prolongación de lo ya visto, once futbolistas blancas defendiendo en bloque bajo, desplazándose lateralmente, mientras el conjunto catalán administraba la posesión con paciencia y autoridad. Más allá del resultado, la sensación que quedó fue más profunda, no tanto por la diferencia futbolística, evidente, sino por una propuesta excesivamente conservadora en un contexto de máxima exigencia. Con la vuelta europea en el horizonte, el desafío ya no pasa solo por competir mejor, sino por recuperar una identidad que permita, al menos, discutir el partido.
El Real Madrid volverá a jugar el próximo jueves 4 de abril a las 18:45, para enfrentarse nuevamente ante el Barcelona, en el Camp Nou, pero esta vez será por la vuelta de los cuartos de final de la Women´s Champions League.