Paciencia
Una sobrecarga impidió el debut de Bale como jugador madridista en el Santiago Bernabéu. La falta de pretemporada y ritmo de juego empiezan a mermar el físico del galés tras 87 minutos de fútbol en 6 días. Garethcito tendrá que esperar hasta el derbi del sábado contra el Atlético para estrenarse como madridista en el feudo blanco, peligroso para los colchoneros encontrarse con Bale tras una semana de rabia y frustración al verse truncado su sueño, por ahora.
Cristiano sigue a su ritmo, sólo puede compararse con los grandes en la historia del club blanco. Ha llegado a 150 goles en Liga en 140 partidos, además ha sobrepasado a Hugo Sánchez como quinto máximo goleador histórico dentro del Real Madrid, sólo quedan por delante Puskás, Santillana, Di Stéfano y Raúl. Lo que se siente al ver como Cristiano destroza todos los números habidos y por haber es indescriptible. Es un jugador de otra estirpe, de otra clase. Cuando el Bernabéu estaba ya casi vacío -por la mala costumbre de dejar el estadio antes del final del partido- el de Madeira se sacó una genialidad de la chistera; su espuela divina hizo acto de presencia, como en Málaga, como en Vallecas. Que le sirva de lección a esos que se van antes del final del partido y se perdieron el acto de magia del portugués en vivo y directo. Cristiano Ronaldo es un extraterreste.
Benzema tuvo un mal día, luego de su gran partido en Estambul, el regreso a la Liga para Karim no fue dulce. Karim es un león en Champions, pero un minino en Liga. La afición del Bernabéu le pitó y le coreó el nombre de Morata al fallar las distintas ocasiones que dispuso para marcar en un acto espeluznante de esos que sólo se dan entre cierto sector de la afición del Bernabéu. Lo dijo Di María, que le pareció de mal gusto, porque Morata también falló una y nadie le pitó. El fideo pretende inculcar sensatez al insensato y paciencia al impaciente. Es de costumbre y de naturaleza y en pocas ocasiones se puede cambiar algo que parece ya intrínseco del aficionado promedio madridista... hasta que Álvaro Arbeloa llegó y aplaudió a Karim. Le levantó el ánimo al francés e hizo que el Bernabéu se olvidara de los silbidos y aplaudiese a Benz al ser sustituido. Arbeloa no tiene el brazalete -gracias a la retrógrada política de antigüedad-, no lo necesita para hacer el trabajo de capitán, para levantar a sus compañeros, para levantar a su afición. Es uno de los nuestros, un aficionado más.
Es extraño en el fútbol moderno, lleno de egos y dinero, encontrar a una persona que verdaderamente ponga al club en el que trabaja por encima de sus necesidades y caprichos personales. Arbeloa es de esos hombres, su paso por Liverpool, su convivencia con Gerrard, Hyppiä, Carragher, junto con lo que ya llevaba de la cantera del Real Madrid, le ha moldeado, como persona y jugador, en ese futbolista que todo entrenador siempre querrá para su equipo, que siempre se ganará la confianza de su entrenador con actitud, mentalidad y trabajo. Después de todo, Caparrós, Benítez, Aragonés, Del Bosque, Pellegrini, Mourinho y Ancelotti han mostrado que confían en él, no puede ser coincidencia.
El domingo ante Getafe ha sido uno de los mejores partidos de Khedira desde que está con el Real Madrid, junto a la final de Copa en Mestalla. Parte de la culpa de esto la tiene Asier Illarramendi, que fue su compañero en la base. El de Mutriku sin pretemporada y sin ritmo ha demostrado, en los pocos minutos de fútbol con la elástica blanca a sus espaldas, la clase de futbolista que es. Sabe llevar los tiempos y ser eje en un equipo donde es un recién llegado, sólo resta imaginar lo que dará en un futuro.
Por último finalizar a Primavera Blanca y todos sus integrantes. Su labor reconocida y felicitada por el presidente Florentino Pérez en la Asamblea es una merecida recompensa para todo el trabajo que realizan y lo tienen muy merecido. Una gran organización en todos sus niveles. A todos ellos un abrazo afectuoso desde esta pequeña columna. Sigan con el buen trabajo, es necesario seguir luchando. Podrán cortar las flores, pero jamás podrán detener la primavera.
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